A falta de The Rolling Stones, el guitarrista y cantante alimentó el fuego de un ya extenso romance en el Arena. Y lo hizo con una lista que balanceó clásicos imperecederos con varias perlas. Fiesta en la patria Stone

Fuente: Página 12 (Gabriel Cócaro)

Link a nota original: https://www.pagina12.com.ar/2026/11/07/ron-wood-en-vivo-la-sapiencia-de-un-viejo-lobo/

El primer Rolling Stone en actuar en la Argentina fue Mick Taylor. El guitarrista, pieza fundamental de la banda desde julio de 1969 hasta diciembre de 1974, ofició de telonero en el debut porteño de Eric Clapton. Durante el concierto –celebrado el 5 de octubre de 1990 en el Estadio River Plate– interpretó apenas un tema del universo stoniano. Se trató de “You gotta move”, canción tradicional afroamericana que el combo recreó en el fabuloso Sticky Fingers.

Para los seguidores del grupo, esa presentación tuvo gusto a poco. Pero el sinsabor quedó atrás con el desembarco de Keith Richards. El 7 de noviembre de 1992, en la cancha de Vélez Sarsfield, el Stone por antonomasia ofrendó un recital magnífico en el cual incluyó seis perlas de la agrupación. Algunas de ellas –como “Time is on my side”– no volverían a sonar en vivo por estos lares. Al año siguiente, Taylor regresó para una serie de actuaciones con Los Ratones Paranoicos. Y al fin, el 9 febrero de 1995, en el Monumental de Nuñez, Sus Majestades Satánicas se corporizaron por primera vez ante la feligresía local. Fueron quince ceremonias a lo largo de cuatro visitas, que consumaron un amor imperecedero. Tuvo que pasar una década para que Ron Wood agregara un nuevo episodio a la saga: lo que sucedió en el Movistar Arena demostró que hay fuegos inextinguibles.

De campera verde con intervenciones en dorado, camisa turquesa, remera de tono naranja, jeans oscuros y zapatillas multicolores, Ronnie pisó las tablas y lo recibió el rugido de una multitud conquistada de antemano. El bramido del público se intensificó con los primeros acordes de la celebratoria “It’s only rock and roll”. El guitarrista, cincuenta y dos años atrás, participó en la concepción de dicho himno, pero solo fue acreditado a la dupla Jagger / Richards. Luego siguió la sensual “Am I grooving you”, popularizada por el cantante Freddie Scott. “Take it easy” –un rocksteady llevado al éxito por Hopeton Lewis– es una de las flamantes grabaciones incluidas en su álbum recopilatorio Fearless: Anthology 1965 – 2025. La versión ofrecida sonó caliente, dinámica y precisa.

“¿Recuerdan a los Faces?”, preguntó el británico a su feligresía. Tras la consulta, regaló una perla para los más fanáticos. La redentora “Flying” -lado A del primer simple del quinteto- con la extraordinaria voz de Chanel Haynes. La voluptuosa “Hey Negrita”, con su mixtura de reggae y funk, desató una fiesta. La inclusión en el repertorio fue todo un acierto, pues los Stones solo la tocaron en vivo en su gira europea del año 1976. Otro rescate fue “Seven days”, pieza de Bob Dylan que propició un pequeño pogo en el campo delantero. Wood devolvió la gentileza y, sonriendo, afirmó: “Son el mejor público del mundo”.

“Remember (Walking in the sand)” marcó el ingreso a escena de Imelda May. La cantante le otorgó a la balada una sensualidad que a la grabación primigenia de The Shangri-Las le faltaba. La irlandesa, junto al anfitrión, se encargó de la entusiasta “You’re so fine” –del grupo The Falcons– registrada por el astro en su flamante antología. La tríada de clásicos del folklore estadounidense se completó con la magnética “Baby what you want me to do”, del indispensable Jimmy Reed, donde Ronnie se lució con su armónica. La atmósfera soulera de “Mystifies me”, iluminada por Ron y sus eximias vocalistas, preparó al auditorio para un plato fuerte: la descomunal “River Deep, Mountain High” donde Haynes reprodujo el magnetismo y la intensidad que Tina Turner le imprimió a la versión original.

La intérprete conoce el paño pues personificó a “La Reina del Ácido” fallecida en 2023 en una exitosa producción teatral. Pero Wood no solo reclutó a magníficas voces. También conformó la sensacional The AMMO Band. El bajista Willie Weeks, el baterista Andy Newmark, el guitarrista Johnny Lee Schell y el tecladista Andy Wallace, prestigiosos músicos de sesión, concibieron un robusto entramado sonoro donde Ronnie desplegó una ejecución intuitiva, fluida y visceral. De hecho, sus fraseos con la guitarra slide fueron impecables.

Al comienzo de la urgente “Show me”, pieza central del álbum Slide on this, el pícaro Ronnie insinuó unos segundos del riff de “(I can’t get no) Satisfaction”. Esa pequeña brisa bastó para encender la hoguera. Miles de celulares filmaron la escena y todo el estadio entonó esa frase musical imperecedera. Junto a la violinista Mera Royle, el combo subió aún más la temperatura con “Country Honk”. La relectura, en clave country, de la portentosa “Honky Tonk Women” posibilitó que el público hiciera suyo aquél estribillo formidable: sin dudas, uno de los momentos más vibrantes de la noche.

A continuación otra recuperación arqueológica, “The Boogie Disease del blusero Doctor Ross. Respaldado por las voces de sus ángeles guardianes, ofreció “Ooh La La”, hito de los Faces impregnado de melancolía, sobre los vaivenes del amor. Luego de la arrolladora “Chain of fools” -inmortalizada por Aretha Franklin– fue el turno de la intensa “Can’t you hear me knocking”. La joya stoniana, de aires jazzeros y toques latinos, fue recibida con un bramido de júbilo y un cántico de guerra: “¡Esta noche toca Ronnie y el año que viene tocan Los Stones!”. A veces, decía Luis Alberto Spinetta, existe un divino presagio.

La despedida formal fue con la ardiente “I can feel the fire” (quizás el tema más popular de su carrera en solitario) y la irresistible “Outlaws”. “Ya no quedan forajidos como antes”, entonó el viejo pirata en ese rock and roll de pura cepa: él, claramente, es uno de ellos.

De regreso al escenario, luciendo una camiseta de la Selección Argentina con su nombre en la espalda, se sumergió en el Delta Blues con un fragmento de la punzante “Dust my broom” de Robert Johnson. Luego obsequió extractos de la vigorosa “Black limousine” (una de las pocas obras donde comparte autoría con los célebres Glimmer Twins) y la nostálgica “Gasoline Alley” que compuso junto a Rod Stewart. El cierre llegó con la arrogante “Stay with me”, el mayor suceso de los Faces. Ronnie, exultante, incitó a los asistentes a sumarse al pegadizo estribillo de la canción. Tras el saludo final junto a la banda, tomó otra casaca del equipo local y comenzó a revolearla por encima de su cabeza. El gesto hizo estallar al estadio con el clásico de clásicos “¡oh, vamos los Stones!”.

Durante el pasado lustro, y a pesar de la pérdida del inigualable Charlie Watts, The Rolling Stones desplegaron una actividad irrefrenable. En dicho período alumbraron un par de álbumes. El notable Hackney Diamonds y el vigoroso Foreign Tongues. También realizaron dos giras por Norteamérica y una por Europa. El último concierto fue en Missouri, Estados Unidos, el 21 de julio de 2024. Sin fechas programadas con sus eternos compañeros, Wood decidió volver al ruedo. Lo hizo con una serie de presentaciones en recintos más íntimos, una puesta en escena sin artificios visuales y junto a una banda de curtidos veteranos. En una sabia decisión, no optó por un catálogo plagado de “grandes éxitos” sino por un corpus de canciones que mostró sus raíces musicales, reveló sus gustos y recorrió su legendaria trayectoria. ¿Quién hubiera imaginado que aún se podrían disfrutar, en directo, perlas como “Seven days” o “I can feel the fire”? Como reza el viejo proverbio stone: “no siempre podés conseguir lo que querés pero a veces, si lo intentás, podés obtener lo que necesitás”. Ni más, ni menos.

Loading