Por Miguel Schneider y Ezequiel Semo


Entre los barrios de La Paternal y Villa Crespo, la avenida Warnes, en los años cuarenta, no sabía que iba a ser una calle famosa. Era una arteria donde la gente vivía e interactuaba entre sí. Adoquinada, sin bocinazos, un par de talleres y algún que otro barcito. Las viviendas se fueron transformando, con el tiempo, en depósitos y en locales de venta de repuestos usados; allí se desarmaban autos y camiones en desuso. Llegó 1950, y comercios de accesorios (faros, farolitos, bandas blancas, tazones, espejos, busca huellas) también se plegaron a la venta. Los repuestos nuevos tenían sus locales y representantes de las marcas más conocidas en la calle Viamonte de esta Ciudad. Ellos solo ofrecían repuestos y accesorios nuevos; que por su precio eran inalcanzables para muchos que usaban sus vehículos para trabajar.

Publicidad de El Americano, de S. Fridman. En Der Argentiner magazine, 1946.

Warnes se fue poblando y para 1960 la historia fue cambiando. Se instalaron varios dueños de locales, consiguieron los permisos de importación de usados; viajaron a Estados Unidos y descubrieron que “Lo que allá tiran, acá lo hacemos vivir de nuevo”. Y así fue como la comunidad judía, en el rubro automotor, impuso la frase “En Warnes se consigue”. Los repuestos llegaban en barco: motores, diferenciales pesados, faros, paragolpes: “Hasta los fierros tienen segunda oportunidad”. La mercadería venía acompañada por el FBI hasta el destino seguro. El fin era que la materia prima no se desviará a otros países, recordemos que esto se dio en plena guerra fría. Se alquilaron galpones muy grandes en Nueva Palmira, Uruguay, donde trabajaban empleados uruguayos y argentinos. Todo llegaba en contenedores de la época. No fue fácil, el conflicto fue siempre el mismo; Permisos, aduana, impuestos, papeles que faltaban, y funcionarios para llevarlo a cabo. Mercadería que era una necesidad; un colectivo parado, un camión sin frenos, un taxi sin arranque: todos esperaban aquella pieza imposible. Los repuestos cruzaban el Río de la Plata en balsas, reponiendo lo que se iba vendiendo en Buenos Aires y reuniendo el dinero para su entrada a la aduana. Cada repuesto usado, tenía una historia, un ruido, un viaje. Cada tres meses llegaban nuevos embarques de Texas, Nueva York o de Miami. Elementos de carrocería, puertas, techos. Llegaban los mecánicos, venían de todo el país, desesperados por una pieza inconseguible de un viejo modelo, lo necesitaban para salir a trabajar. Entonces el vendedor revolvía cajones, metiendo las manos negras por la grasa, entre fierros fríos decían “Esta puede andar”. En esta calle, nada es seguro, pero si no funciona, la convencemos. Esta era la filosofía. Los carteles de repuestos colgaban y enunciaban “Aquí encontrás lo que no existe”, y Warnes tenía un olor muy especial, los camiones y los colectivos todavía tosían su humo negro. Ya, en los años setenta, Warnes era una ciudad dentro de la ciudad. Hombres de oficio y experticia única reconocían modelo y año a la vista, como así también el sonido de los distintos motores. Inmigrantes llegados de Europa, viendo hacia atrás, pensaban que ellos también vinieron como repuestos usado, desde muy lejos, golpeados por la vida pero todavía útiles. La calle Warnes enseñó a vivir de lo que otros daban por perdido: brindó posibilidades, permitió que un motor siguiera la ruta: es un gran taller con historia.

Miguel Schneider dando un discurso por la imposición del nombre de “Estado de Israel” a la Escuela Nº6 del Consejo Escolar Nº17.  02/10/1966

Conocí a Miguel Scheider en la AMIA, donde asiste al Centro integral para personas mayores Jofesh. Miguel nació el 26 de julio de 1933. Su padres fueron Saivl (Salvador) Schneider (oriundo de Kiev, imperio Ruso, hoy Ucrania) y María Abramovich (Nacida en Argentina). Asistió a la primaria en el Andrés Ferreira y en 1946 ingresó al Industrial Otto Krause. En 1951 se egresó como Técnico Mecánico e ingresó al taller de los Gálvez (Óscar y Juan, corredores de TC) en Tres arroyos y Parral (Hoy Honorio Pueyrredon). “Entré como Che pibe y ahí aprendí de todo”, dice. Hasta 1957, año en que se casó con Raquel Mysler Z”L y abrió su propio taller en Warnes y Dorrego. Y un cartel autorizado en su frente que decía “Ex mecánico taller de los Gálvez”. Su tío Mauricio, “El loco” Abramovich, fue uno de los pioneros de los repuestos usados en Warnes. Ya estaba allí desde los años 40´s (Los cirujas iban con los carros recorriendo todos los talleres mecánicos y todo lo que se podía rescatar se lo vendían a él, que los recibía siempre con el toscanito en la boca. Era un gran comprador) con la casa de repuestos usados “Casa Mauricio” en Warnes 1451 y 1431. Su hermano, Santiago, fundó FANMAR (Fanny y María) en 1951 en Parral 2195, primero ofreciendo accesorios y luego repuestos usados.

Hizo la conscripción en 1954/55 en el Cuartel Maestre General del Ejército, calle Azopardo, Ministerio de Guerra. Por su conocimiento en mecánica automotor, fue asistente y chofer del Coronel Juez Carlos Vallarino que tenía un Chevrolet 1951.

Inauguración del Centro Recreativo de San Justo. Discurso a cargo de Miguel Schneider, tesorero, 1969. En Trigésimo aniversario de BET-AM Escuela Medinat Israel. 1960-1990.

Entre 1957 y 1962, con un furgón Chevrolet de 1939 que adquirió a la firma ALPARGATAS, y al que en la caja le montó unas estanterías, salía a recorrer el interior del país vendiendo repuestos de encendido que le compraba a “CASA SAMACA, encendido y Rey de los bulones” (Warnes 1325). Junto a él viajaba el cuñado de su hermano, Julio Wierbitzky, fabricante y vendedor de corbatas. Fue representante en Argentina de la firma Napco intenational (Minnesota), viajando en varias oportunidades a Estados Unidos.

Miguel fue, además, un gran activista comunitario. Siendo presidente de la Asociación Cooperadora de la Escuela Nº6 del Consejo Escolar Nº 17, ubicada en Calderón de la Barca 3073, dirigió los trámites para que la misma llevé el Nombre “Estado de Israel”. Esto se concretó en octubre de 1966 luego de una gran obra de mejoramiento edilicio. Ambos logros fueron posibles gracias a la iniciativa de la Cooperativa de Crédito Villa Real (Lope de Vega 2723), donde era vocal. Como vicepresidente de dicha Cooperativa de crédito realizaron, para las escuelas de la zona, un concurso de preguntas y respuestas auspiciado por el Diario Clarín. Este, se hacía los domingos a la mañana, durante cinco meses en el salón de la Cooperativa; el premio era un viaje a Córdoba para toda el aula ganadora. En la Escuela y Bet-Am Medinath Israel, en A. Jonte 4896, Monte Castro, empezó como vocal y con el tiempo ocupó el cargo de tesorero, desde el cual inauguró la quinta en San Justo en 1969. Fue su Intendente y asocio a “medio Warnes”. Por último, llegó a ser Presidente de la Comisión Directiva del BAMI.

Ezequiel Semo y Miguel Schneider en AMIA. Foto: Gastón Barreto, junio 2026.

Activó también en la cooperativa de vivienda y consumo CI.PA.MI Ltda. -Círculo de Padres Medinat Israel-. Como presidente, junto al Secretario Enrique Szyrman, Isidoro Yusin, entre otros miembros, construyeron el edificio CIPAMI Nº1, una torre de 66 departamentos en la avenida Segurola 1755 para Padres de alumnos que no tuvieran casa propia, generando convenios con la Cooperativa Hogar Obrero para la provisión de muebles (una vez terminado el edificio). Me remarca, que agregue, que todos estos logros no fueron el trabajo de una sola persona sino el trabajo en conjunto. Tiene dos hijas, un hijo, ocho nietos y cinco bisnietos. Y entre mayo y junio nos juntamos a escribir este artículo.

El autor es Licenciado en artes visuales (UNA) e investigador. Trabaja en el Centro de documentación e información sobre el judaísmo argentino Marc Turkow de la AMIA. Es fundador del Archivo Textil Ferroviario. Lo encuentran en las redes: Ezequiel Semo en FB e IG y No demuelan la estación La paternal en FB. Contacto: ezequielsemo@gmail.com

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