En Estado de Israel 4457

Nota: Edgardo Marano

Una secta criminal que operaba en  nuestro país, pero que contaba con sedes en el extranjero fue desbaratada en la noche del 12 de agosto tras más de 50 allanamientos en la Ciudad y la provincia de Buenos Aires. El principal delito al que se dedicaban era la trata de personas con reducción a la servidumbre mediante la coerción.

Según los primeros datos de la investigación, en la que colaboraron autoridades extranjeras, a través de la divulgación de una filosofía sobre terminar con “los males del SIDA y las drogas” y tener como objetivo “el desarrollo de la felicidad” la secta captaba a personas ofreciéndoles un tratamiento con el propósito fundamental de obtener dinero.

Las ganancias que obtenían a través de este y otros métodos comenzaron a ingresarlas al circuito legal a través de distintas maniobras como la creación de fundaciones en el extranjero -lo cual a su vez generaba un ingreso en divisas- y, dentro del país, se blanqueaba el dinero mediante la compra de propiedades y vehículos.

Se estima que el número de víctimas rondaría las 170 personas. No sólo argentinas sino también personas extranjeras bajo el mismo método: eran convencidas de venir al país, lo que traía aparejado el aislamiento de sus familiares y realizar distintas maniobras para obtener beneficios económicos.

El múltiple operativo surgió luego de arduas investigaciones, seguimientos, consultas de bases de datos, solicitudes de cooperación a distintos organismos y escuchas telefónicas, entre otros.

Como resultado, se pudo identificar a la totalidad de la organización criminal como también determinar las maniobras utilizadas para los distintos delitos tipificados.

Los delitos por los cuales serán juzgados son varios. El más relevante será el de trata de personas con fines de reducción a la servidumbre, agravado por coerción del que se ramificarán el hurto agravado, lavado de activos, asociación ilícita, ejercicio ilegal de la medicina, expendio irregular de medicamentos y tráfico de influencias.

“30 años de lucha”

Pablo Salum, víctima y principal denunciante de la secta, dio este sábado una entrevista en Todo Noticias en la que contó que la organización utiliza como fachada una “escuela de yoga”, entre otras locaciones -como clínicas médicas y centros de “coaching”-, y se encuentra activa desde los años ´90.

“Mi mamá tenía un problema de salud y tras ir a diversos médicos comenzó a ser captada por distintos gurús, uno de los cuales fue Juan Percovich. Yo tenía ocho años y en ese momento fuimos las terceras y cuartas personas en entrar a la organización”, recordó el hombre y agregó: “Empezó siendo una escuela de yoga y de filosofía, pero creció rápidamente y la captación y el sometimiento fue empeorando. Fuimos más de 1000 alumnos y yo de tener una familia hermosa pasé a no tener nada”.

De acuerdo con Salum, “está probado” que Percovich fue “intercambiando favores sexuales con alumnos”. “Dos de ellos eran mi mamá y mi hermana y a los niños de mi edad los obligaban a tener relaciones sexuales con esta gente, con adultos y en muchos casos con sus propios padres. Yo fui el primer niño en entrar, en escaparse y en denunciar a la organización. Por eso fui secuestrado y me llevaron a ese mismo edificio [en referencia al lugar allanado en Villa Crespo]”, aseguró.

Por último, expresó: “Tengo 30 años de lucha para llegar a esto. Yo había perdido la esperanza en la Justicia, porque una primera causa la cajonearon y una segunda, que había salido a la luz e involucraba al gobierno de Menem y a organizaciones de derechos humanos, fue cerrada por falta de mérito luego de 10 años. Sin embargo, todos los casos en los que participé y las víctimas que ayudé fueron el camino para llegar a esto. Este es el final que yo estaba esperando y se logró gracias a una nueva causa con nuevos testimonios y nuevos delitos”.

El antecedente de la secta en La Matanza que tenía un arsenal para “resistir el fin del mundo”

Tras meses de investigación, la organización Abba Krishna, acusada de esclavizar a sus fieles, fue desarticulada después de dos allanamientos y varias detenciones.

En el lugar donde operaba la secta Abba Krishna habían encontrado al menos diez armas, entre ellas dos Itakas, escopetas y pistolas de alto calibre, además de cientos de municiones, que fueron encontradas en un altillo en la casa personal del líder detenido. Aparentemente el arsenal de armas y los trajes bacteriológicos que tenían a la venta en precio dolarizado, era para hacerle frente al “fin del mundo”.

De tal manera, “los fieles tenían que estar armados para defenderse a fuerza de plomo antes del final”. También se encontraron gran cantidad de medicamentos vencidos.

Foto: Minuto Uno

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